La Historia de Yoursaf

Lejos en el espacio. Presentes en el mismo momento.

Cada proyecto nace de una pregunta. Yoursaf también.

Durante muchos años practiqué meditación y yoga, tratando de comprender, a través de la experiencia directa, el valor de la práctica constante. Mientras tanto, mi trabajo me llevaba en una dirección aparentemente lejana: la de la ingeniería, el diseño y la construcción de sistemas. Durante mucho tiempo estos dos caminos — la práctica interior y el pensamiento ingenieril — permanecieron separados. Luego, un día, se encontraron.

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El camino

Los momentos que dieron vida al proyecto

01

Una pregunta simple

Observando diferentes comunidades de meditación, notaba una dificultad recurrente: casi siempre crecen en torno a un método, un maestro o una organización. Para formar parte de ellas es necesario, en cierta medida, adaptarse a ese método. Me preguntaba si era posible imaginar algo diferente: una forma de permitir que personas muy distintas entre sí — por práctica, cultura, experiencia — compartieran un momento de meditación, sin pedir a nadie que cambiara el suyo.

02

La intuición

La ingeniería me había enseñado una lección simple: un buen sistema no funciona porque su diseñador sigue guiándolo, sino porque fue diseñado para funcionar solo. Empecé a preguntarme si esa misma lógica podía valer también para la meditación compartida. No hacía falta crear una nueva técnica, ni fundar una nueva escuela. Hacía falta algo mucho más esencial: un punto en común capaz de sostenerse por sí solo, sin necesidad de una guía constante.

03

No sincronizar el método, sincronizar el momento

La intuición llegó casi de repente: no era necesario sincronizar la forma de meditar, bastaba con sincronizar el momento. Si personas diferentes eligen dedicar, en el mismo instante, unos minutos a su propia práctica — sea cual sea — nace de todos modos una experiencia compartida, sin que nadie tenga que renunciar a su propio método. De esta idea nació el Protocolo Yoursaf: un protocolo que coordina pocos elementos comunes — el día, el horario y, cuando está previsto, un tema — dejando a cada persona libre de meditar según su propia experiencia.

04

Un proyecto pensado para durar

Desde el principio no quise crear algo que dependiera de la presencia de su fundador. El objetivo siempre fue otro: diseñar un sistema simple, capaz de seguir existiendo en el tiempo, más allá de las personas que lo iniciaron. Si un día el Protocolo Yoursaf sigue reuniendo a personas sin que nadie recuerde quién lo ideó, significará que el proyecto habrá alcanzado su propósito.

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El tiempo es común. La práctica permanece personal.

El Protocolo Yoursaf coordina pocos elementos compartidos:

Todo lo demás — cómo sentarse, cómo respirar, qué técnica seguir — sigue siendo una elección libre de cada persona.

El nombre

¿Por qué se llama Yoursaf?

El nombre cuenta la misma idea que dio origen al proyecto.

Your

Your

Porque la meditación pertenece a quien la practica.

Saf(e)

Saf(e)

Porque cada persona debería poder vivir este momento en un espacio libre de juicios, imposiciones y jerarquías.

Yoursaf une estas dos dimensiones: una práctica personal y un momento compartido.

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Una invitación, no un requisito

No te pedimos que cambies tu forma de meditar, que pertenezcas a un grupo o que seas alguien diferente. Simplemente te invitamos a dedicar unos minutos a la presencia, sabiendo que, en el mismo instante, otras personas en el mundo han hecho la misma elección. Así es como crece Yoursaf. Una presencia a la vez.

El próximo paso

Ahora conoces la historia del proyecto. El resto no se comprende leyéndolo: se comprende participando.

Vive la experiencia Yoursaf

Elige un lugar tranquilo, consulta el horario de la próxima sesión y únete a miles de personas que, en el mismo instante, están eligiendo detenerse y respirar. No se necesita experiencia. No es necesario registrarse. La práctica sigue siendo tuya.

Descubre la próxima sesión